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Rob Riemen: “La corriente identitaria es un nuevo estalinismo” – El Mundo

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El filósofo de Países Bajos defiende el regreso a los valores de la tradición occidental como respuesta al desconcierto posmoderno. “Hay que olvidarse de Amazon, de las estupideces que enseñan en las universidades, y empezar a leer libros”, dice el autor de ‘El arte de ser humanos’

Pensador que actualiza la corriente humanista europea, Rob Riemen (Países Bajos, 1962) ha centrado su obra ensayística en la recuperación de los autores clásicos como respuesta al desconcierto posmoderno y reivindica la “nobleza de espíritu” sin temor

Pensador que actualiza la corriente humanista europea, Rob Riemen (Países Bajos, 1962) ha centrado su obra ensayística en la recuperación de los autores clásicos como respuesta al desconcierto posmoderno y reivindica la “nobleza de espíritu” sin temor a ser tachado de elitista. Fundador del Instituto Nexus de Tilburg acaba de publicar El arte de ser humanos (editado en castellano por Taurus y en catalán por Arcàdia) en el que explica la importancia de volver a los valores culturales y espirituales fundamentales de la tradición occidental.

¿Qué es lo que define al ser humano?
En la película Barbie, que como pasa con todo el cine comercial norteamericano tiene pasajes en los que se plantea cuestiones existenciales, hay un momento en el que la protagonista pregunta a gritos en una fiesta si alguien ha reflexionado recientemente acerca de la muerte. Al momento, todo el mundo se queda sorprendido y sin saber qué decir. Pero justamente es esta cuestión la que define a los seres humanos: es el ser que piensa y analiza su mortalidad. Somos los únicos seres que piensan en la muerte, que son conscientes de que son mortales y que se cuestionan qué hacer con su vida. El problema es que, en general, hemos dejado de pensar en estas cuestiones existenciales y de querer conocer nuestra alma. Y por lo tanto, nos vamos olvidando de nuestra doble naturaleza: la animal, con sus instintitos básicos, y la espiritual, nuestro conocimiento de lo que es la verdad, la justicia, la igualad…
¿Por qué? ¿La tecnología es la nueva caverna de Platón?
En parte sí. Recordemos lo que dijo Nietzsche. Hemos matado a Dios y nos arrepentiremos de ello. Nuestra alma ha sido reemplazada por los selfis, expresión de un nuevo narcisismo con el que buscamos sentirnos bien, y la tecnología en general. Este cambio no se puede desconectar de la crítica situación política en la que estamos en Occidente. Porque si tuviéramos claro y quisiéramos respetar aquello que significa y define al ser humano, como vivir nuestra vida con dignidad y respeto para el resto, tendríamos en una sociedad mejor. Con este libro quiero ofrecer a mis lectores, sobre todo a los más jóvenes, instrumentos para obtener otra vez los valores para convertirse en seres humanos. La vida es difícil, es una lucha y a veces una tragedia. Pero tenemos la obligación moral de ser seres humanos. Es la única manera de pelear contra el crecimiento del fascismo y el totalitarismo de izquierdas y derechas.

En su libro habla de recuperar los valores compartidos, ¿pero estos cuáles son?
Thomas Mann se preguntó en 1921 si nuestros antiguos valores, que vienen de la cultura mediterránea -romana, griega, cristiana judía y árabe- son universales y hemos de reivindicarlos y defenderlos, o si, por el contrario, son de otra época, son limitados y no sirven para la nueva era. En 1924, cuando Hitler publica el Mi Lucha, Mann recibe la respuesta: había que batallar contra el auge del totalitarismo y para ello se convierte en un hombre religioso. Quiere volver a los valores morales trascendentes. No es tanto una cuestión de creer o no en Dios, sino de creer en estos valores, que conforman la nobleza de espíritu, son los pilares de la esencia de nuestra civilización y de su objetivo: proteger la dignidad de las personas. La democracia solo existirá si podemos debatir esos valores fundamentales -el bien, la verdad, la justicia…- de forma abierta y libre para adaptarlos a la contemporaneidad.
Afirma que nuestro sistema democrático está amenazado, como lo estuvo en la década de los 30 del siglo XX.
No vivimos en una democracia plena, ya que los demagogos tienen cada vez más poder. Avanzamos hacia un mundo nihilista. No leemos, no escuchamos, no nos miramos, sólo nos interesa la utilidad. Esto significa que hemos sustituido la calidad por la cantidad. Todo tiene que ver con los números, las estadísticas. Un materialismo decadente. Puedes ser el idiota más grande del planeta, pero si tienes medio millón de seguidores en redes sociales se te considera un influencer. Si pones todas estas cosas juntas no puede sorprendernos el lío en el que estamos metidos, no nos puede sorprender que Donald Trump salga reelegido, no nos puede sorprender lo que pasa en Polonia, Hungría, Italia y lo que puede pasar en España y Francia.
Hay un totalitarismo político, el regreso de los nacionalismos, del identitarismo, pero también hay un totalitarismo cultural. Todo lo que se sale de la corrección política es tachado de fascista…
Eso tiene que ver con la estupidez de la nueva izquierda. Soy socialdemócrata, mi padre fue un líder sindical, y no compro la tontería de mis amigos izquierdistas de la cultura woke, que es un nuevo nihilismo. Y la obsesión por la identidad, un nuevo estalinismo. Una traición al humanismo europeo. Ya lo advirtió Albert Camus ante el auge del totalitarismo antes de la Segunda Guerra Mundial: nuestra responsabilidad como intelectuales es proteger el significado de las palabras. Justamente lo que no se está haciendo ahora, cuando mucha gente ya no sabe, por ejemplo, lo que significa democracia o libertad o amistad o justicia. Estas palabras son una expresión de nuestros valores universales que los griegos definieron como logos, así que desconocer su verdadero significado tiene graves consecuencias para todos.

Hay que olvidarse de Amazon, de las estupideces que enseñan en las universidades, y empezar a leer libros

Hace un llamamiento a volver a los autores clásicos: Sócrates, Platón, Spinoza, Ovidio, Zola…
En 1953 George Steiner dijo que vivimos en el mundo de la post cultura. Y ahí seguimos. Por eso es muy importante que no perdamos nuestro tiempo con estupideces. Hay que olvidarse de Amazon, de las estupideces que enseñan en las universidades, entregadas al materialismo y la tecnología, y empezar a leer libros, a reflexionar, a pensar por uno mismo.
Usted afirma no estar cómodo con la nueva izquierda, porque que cree que la socialdemocracia ha sido sustituida por el izquierdismo identitario.
El modelo socialdemócrata clásico está en crisis porque renunció a sus propios principios: elevar a la gente, sacarla de la pobreza, pero también elevarla cultural y moralmente. En cambio, ha decidido abrazar al neoliberalismo, que no tiene que ver con el liberalismo original, que era un movimiento de liberación personal. El neoliberalismo es un concepto político: hacer que los ricos sean más ricos y los pobres, más pobres y estúpidos. Los socialdemócratas, además, se hicieron corruptos, como lo es todo este maldito sistema en el que manda un grupo decadente de personas que sólo piensan en su bienestar.
Frente a ello, ¿propone volver a un elitismo cultural?
Élite significa los mejores. Sin una élite cultural no se puede proteger el significado de las palabras. Así que no tengo problema en formar parte de ese grupo de personas que a lo largo de la historia se ha expuesto públicamente para decirle a la gente la verdad. Porque si no existe más la verdad, como pretende el nihilismo, se pierde el significado de nuestra vida. Ahora hay que decirle a la gente, aunque no guste, que no tenemos mucho tiempo y hay que volver a ser seres humanos. Un mensaje que debemos dirigir a las nuevas generaciones que se sienten perdidos porque no les hemos dado una buena educación humanista. Se enfrenta sin suficientes herramientas al sistema de los algoritmos y a la obsesión por la identidad.

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