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Gilberto Aranda, profesor de la UAM: “En Europa no hay dobles … – El Mostrador

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El doctor en Historia y académico del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, Gilberto Aranda, acaba de llegar de España, donde permaneció como profesor de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), en la que desarrolló una serie de actividades docentes que incluyeron seminarios sobre los 50 años del golpe de Estado en Chile.

Hace unas semanas, coeditó el libro coral Resonancias de un golpe: Chile 50 años (Catarata), junto al profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Madrid, Misael López Zapico, en el que se reflexiona, en siete materias, sobre la historia chilena tras el 11 de septiembre de 1973 y el concepto de solidaridad internacional tras la caída del Gobierno constitucional del Presidente Salvador Allende.

Las relaciones internacionales, la preparación militar del Partido Socialista (PS) ante la previsible amenaza de un golpe, la cooperación de la Internacional Socialista hacia Chile, las reacciones del PC español y el PC italiano, el boicot a Pinochet de la España posfranquista y de Jimmy Carter, y la solidaridad con Chile, son elementos que aborda el mencionado libro publicado en Madrid.

-¿Cuál es la importancia de la solidaridad con Chile tras la caída de Salvador Allende desde el estudio de las relaciones internacionales?
-Es un caso muy relevante, porque la tragedia chilena es transnacionalizada. Y para eso, utiliza el concepto de solidaridad. Además, se forma una Vicaría con ese nombre en Chile. Es decir, el drama chileno es conocido internacionalmente por las imágenes dramáticas del golpe de Estado y por los hechos que circulan a propósito de la violación grave y masiva a los derechos humanos, la respuesta que se les pide a las sociedades de otros países es solidaridad con Chile. Así que el concepto de solidaridad es crucial. Por supuesto que no nace con el caso chileno, pero es un concepto bien elaborado y posicionado en el mundo a propósito del drama que se vive en Chile durante la dictadura.

-¿Cuáles fueron las motivaciones de los países para la solidaridad con Chile y la ayuda internacional?
-Hay un modelo, que es el modelo búmeran. Este modelo explica que la estrategia para posicionar el drama chileno, por parte de las organizaciones de derechos humanos y organismos asociados, apunta a que como no hay respuesta ni una reacción positiva, ante las demandas de justicia, ante las demandas de conocimiento para ubicar el paradero de personas desaparecidas por parte del Estado de Chile, por razones evidentes, ya que sus agentes están en lo que es precisamente perpetrar este tipo de atentados, que han llevado a gente a desaparecer o hay gente torturada, se hace a un lado al Estado para posicionar las demandas en el nivel internacional. Por lo cual, estas demandas son dirigidas a otros Estados, varios de estos son poderes occidentales, así como también Estados destacados del mundo socialista, y organismos internacionales.

Junto con esta política global de derechos humanos es que ONGs y otras organizaciones apelan a los organismos transnacionales, a las organizaciones intergubernamentales y a los poderes occidentales, con lo cual se empieza a tener una particular comunicación con sociedades que responden de alguna manera a los requirentes enviando recursos a Chile, haciendo visible el drama de la violación a los derechos humanos en dictadura de diversas formas. Es muy variado, en esta estrategia, no hay que olvidar que también distintos actores culturales contribuyen mucho a esta respuesta solidaria, cuando documentalistas van de alguna manera posicionando sus productos culturales y haciendo visible, dotando de sentido a través de una imagen, a través de un sonido el drama chileno.

-En su libro habla de que la diáspora chilena hace un cierto lobby desde el exilio…
-En el capítulo correspondiente al exilio del libro, se aborda cómo la diáspora chilena obligada a este exilio, también va insertando durante su estadía en diversas sociedades este reclamo, y colocan como tema la necesidad de recuperación de la democracia en Chile. Son muchos los países que participan. En ese capítulo referente al tema del exilio, por ejemplo, se hace notar que a pesar de que es algo que ha sido supremamente investigado se recala en lugares de Europa como Francia, Italia, España, y una parte originalmente también en la que era la Alemania Democrática, la RDA, también una importante presencia chilena que se nota hasta el día de hoy en Suecia. Hubo otros países, del Sur Global, que tuvieron contingentes chilenos, latinoamericanos como Venezuela y México. Y, en ese contexto, en Latinoamérica también se va sembrando la idea de solidaridad, porque los habitantes de estos países pueden ver en directo y oír el testimonio en primera persona de quienes son obligados a salir de Chile por las circunstancias políticas y cómo van portando historias trágicas. Tendría que nombrar a tantos países de Europa Oriental, como sociedades de Europa Occidental y el Sur Global, incluso algunos en el norte de África.

-¿Cuál es la contribución del libro al debate sobre los 50 años del golpe?
El libro es parte de mi trabajo como profesor visitante de la Universidad Autónoma de Madrid, en ese contexto, decido hacer un seminario en mayo, y un seminario en mayo que recibe el interés de la Embajada de Chile en España, y de la Fundación Chile España. También tiene el respaldo de la Universidad Autónoma de Madrid y del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile. El libro congrega miradas diversas de profesores de universidades de España, Oviedo y Valencia, académicos que escriben desde Italia y Estados Unidos. El aporte, más que hablar de razones, causas o la dinámica, apunta a una investigación de lo que ocurrió posteriormente, precisamente, las consecuencias del golpe, tanto en la política internacional, la diplomacia, lo político-doméstico, en sociedades del norte, de Europa y Estados Unidos. Trata con detención los casos de España, Italia, Estados Unidos, y cómo sus políticas exteriores hacia la tragedia de la democracia chilena van ensayando respuestas. Y un solo capítulo, el primero, habla del plan Santiago, el plan de defensa del régimen de la Unidad Popular, que estaba escrito en papel, era teórico, pero no se ejecuta.

-¿En su libro también se aborda un contraste entre la política exterior de Nixon, de Carter y Reagan?
-Las diplomacias de Estados Unidos y España son tratadas con profundidad. Un capítulo trata de cómo el golpe es procesado en Estados Unidos, donde la Casa Blanca estuvo conspirando desde el primer minuto de la Unidad Popular en contra de Allende, pero que hay otras visiones, a veces que no son relevadas fuertemente, de políticos del Partido Demócrata, de diplomáticos, que tuvieron también una visión distinta a la línea oficial de la Casa Blanca, que fueron recogiendo el caso chileno y que, junto con el drama de Vietnam, rechazaron los golpes preparados por organismos del gobierno de Estados Unidos.

Todo esto alimenta lo que es la política de Derechos Humanos, que es el eslogan fuerza de la campaña de Carter, el año 76, que después, aun cuando Carter, que se queda solo cuatro años y sale, posteriormente, parte de esa política en parte, no completa es recogida, incluso, por gobiernos republicanos a posteriori. Lo que habla de que, por ejemplo, durante la era Reagan, las relaciones de él con la dictadura militar fueron ambivalentes. No fueron todo lo plácidas, definitivamente, como en la época de Nixon.

-¿La derecha posfranquista y el destape de la izquierda española cómo veían la dictadura?
-Un capítulo habla de la diplomacia española en la transición, tanto la de Adolfo Suárez y del socialista Felipe González, cómo fue leído el golpe de Estado por las izquierdas de Europa, particularmente, en el caso del Partido Comunista italiano y el Partido Comunista español, y qué lecciones sacaron del golpe. Incluso gobiernos de derecha como los de Adolfo Suárez, que de alguna manera son una derivación moderada del franquismo, que es legataria de ese franquismo y que quiere dejar de ser un partido franquista y embarcarse en un régimen civil de corte electoral en una democracia. Suárez tiene también una mirada en ese mismo sentido respecto a lo que pasó en Chile. En Europa no hay una lectura como la del debate que hay hoy en Chile respecto a causas y razones. No hay una derecha que revise o haga una revisión de los casos. Por lo tanto, en general, la visión que hay en el exterior de Allende es una visión heroica. Esto podría matizarse, pero en general es así.

 



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